Este es un brillante post de Gabriel Weinstein acerca de los métodos de enseñanza tradicionales y el gap que se genera con la aparición de nuevas tecnologías y tendencias de trabajo.

Al sumar las horas dedicadas a mi educación, jardín de infantes, primaria, secundaria y universidad, descubrí que aproximadamente estuve dentro de un aula 25.000 horas de mi vida, sin contar el tiempo dedicado a estudiar, cursos, capacitaciones, posgrados y demás. Eso equivale a aproximadamente lo que duerme una persona en 10 años ¿y todo eso para qué?

Si les preguntabas a mis padres, te hubiesen dicho: “una buena educación es lo mejor que te podemos dar. Tener un título es la única forma de conseguir un trabajo digno”. Y aunque odie admitirlo, algo de razón tenían. Después de 25.000 horas de estudio, conseguí mi primer trabajo digno, como programador de software.

La cuestión es que hoy en día, tener un título universitario no garantiza encontrar un trabajo digno, pero no tenerlo casi que garantiza no encontrarlo.

¿Qué cambió entonces?

Como dijo Sir Ken Robinson, nuestras escuelas tienen una muy marcada característica: funcionan como fábricas. Los alumnos pasan de una tarea a otra, de una clase a la siguiente, día tras día. Cada clase tiene poca relación con la anterior. Los alumnos son catalogados por lote (fecha de nacimiento) y el producto resultante tiene el mismo molde, salen todos iguales.

Hay una famosa frase, que algunos le atribuyen a Einstein, que dice “todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil“.

El sistema educativo funcionó muy bien durante mucho tiempo, pero para otro tipo de sociedad.

Hace poco conocí a Esteban Bullrich, ministro de educación de la Ciudad de Buenos Aires, quien me dijo: “el sistema educativo no está roto. Está más vivo que nunca. El problema es que es un sistema que no fue creado para ser reemplazado“. Y cuanta razón tiene. El sistema educativo funciona perfectamente para lo que fue diseñado, el problema es que fue diseñado en otra época, para otras necesidades, en una economía muy distinta, utilizando otras tecnologías y con prioridades diferentes.

Lo que hoy es nuevo, en algunos meses ya será viejo. No podemos pretender que un sistema inventado hace más de 100 años, esté a la altura de la velocidad con la que cambian las cosas hoy en día ni a la velocidad con la que cambiarán en los próximos años.

Santiago Bilinkis hablando acerca del futuro y el avance de la tecnología, dice: “La persona que hoy comienza a estudiar traductorado público, cuando se reciba, probablemente no tenga trabajo“. Santiago se refería a los avances tecnológicos que le permiten a Google tener un traductor que funciona cada vez mejor, y a Skype lanzar una próxima versión de su mensajero que podrá traducir en tiempo real lo que el el usuario está diciendo en cualquier otro idioma.

Entonces si el sistema que tenemos está lejos de satisfacer las necesidades que hoy tenemos como sociedad, me pregunto: ¿podremos adaptarlo o tendremos que pensar en un sistema completamente nuevo?

Le voy a pedir prestada una frase a Astro Teller que, me parece, nos orienta un poco en el camino hacia la solución: “Si deseas que los autos recorran 20km por cada litro de nafta, podemos modificar el auto para que eso ocurra. Pero si deseas que recorran 200km con un 1 litro de nafta, tienes que empezar de cero“.

Imagínense lo complicado que sería y todo lo que implicaría cambiar la forma en que estudiamos y aprendemos, la forma en que evaluamos, las instituciones, las reglas, las materias (si es que necesitamos materias) y los profesores (si es que necesitamos profesores).

Pero al mismo tiempo imagínense como sería que cada alumno estudie lo que más le gusta y potencie su talento natural, un talento muy diferente al del resto de sus compañeros. Imagínense como sería que no haya un ejercicio bien o mal hecho, sino distinto. Imagínense como sería no tener que recordar fechas de memoria, ya que podemos buscarlas en Google. Imagínense usando nuestra parte creativa del cerebro tanto como nuestra parte racional. Imagínense una educación on-demand. Imagínense cuanto cambiaría nuestra sociedad.

Hoy en día existen ciertos espacios alternativos a la educación formal, que tapan algunos de estos agujeros, los agujeros de la creatividad, la innovación, el emprendedurismo, el intercambio de conocimiento entre disciplinas y demás.

Estos espacios y momentos en los cuales se fomenta el “aprender haciendo” o el “design thinking”, inexistentes en la mayoría de nuestras escuelas, son los maker spaces y los labs, son las iniciativas de emprendedores como Creactivis, son los eventos como Red Innova o TEDx y es el apoyo del estado con programas como Codecademy.

El hecho de que cada vez más gente se acerque a este tipo de espacios (TEDxRíodelaPlata 2014 fue el evento TEDx más grande del mundo con 10.000 personas) es una señal de que estamos haciendo las cosas bien y que vamos por el buen camino.

Hoy en día muchos de nuestros científicos, artistas, ingenieros y emprendedores, no son exitosos por nuestro sistema educativo, sino a pesar de él. Y eso lo podemos cambiar.

Link del post original aquí.

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